
" Hoy son niños, ayer eran delincuentes".
Frase para el bronce, sin duda, del Ministro de Justicia de turno. Como una forma de lavar la imagen ante las responsabilidades políticas y administrativas en las muertes de los ocho jóvenes del CERECO de Puerto Montt, las preguntas por la precaria implementación de la
Ley de Responsabilidad penal juvenil y aspectos de fondo, como la política nacional de infancia y adolescencia. Debe haber generado ecos en distintos frentes.... Acá mis apreciaciones, desde mi lugar, como trabajadora social, que ejerce con niños, niñas y jóvenes:
De la invisibilización del dolor infantil y nuestras complicidades:
Cuando se nombra algo desde las esferas de poder- llámese en este caso politico, judicial y comunicacional- aquellas cosas que siempre han existido cotidianamente, adquieren otro estatus, y comienzan a ser entendidas desde las interpretaciones construidas y ordenadas en discursos. Éstos, al ser trnsmitidos saturadamente, nos llevan a creer en las llamadas verdades oficiales, casi incuestionables por la mayoría. A leer los fenómenos desde una perspectiva, en este caso, los y las jóvenes como problemas. ¿Qué se esconde tras estas problematizaciones?

La invisibilización del sufrimiento infantil no es algo nuevo. En un modelo neoliberal que traspasa la economía y el mundo del trabajo, y se impregna en nuestras prácticas y lenguajes, la inclusión y la exclusión son naturalizadas y perpetuadas. Con ello, la marginalidad y marginalización. En Chile, la desigualdad no es un tema de meras cifras. Un zoom a esos quintiles de ingresos, habla de prácticas de SOBREVIVENCIA, precariedad económica, de familias, de niños y niñas cuya principal alimentación (Por nombrar una necesidad básica) es la recibida en las escuelas, o la leche del control del niño sano, por lo que van al colegio hasta en vacaciones, para recibir este servicio. Eso, mientras los mensajes de consumo son homogeneizantes e invasivos. Siempre recuerdo una práctica de mi profesión en un sector x de Valparaíso, en que los niños y las niñas soñaban con ir a Mc Donalds. Juntaron dinero todo el año, y en Diciembre llegó el día en que tuvieron en sus manos la preciada cajita feliz. Los niños de las otras mesas los miraban con sospecha, ya que no vestían con la uniformidad de la moda, y jugaban con el ketchup y la mostaza, entre otras cosas. Al regresar de lo que desde sus discursos era "el día más feliz de su vida", pensaba en que simbólicamente habían alcanzado por un rato esa felicidad que te vende la cajita y el payaso del pelo rojo y con ello, la modernización y el mercado . Habían logrado entrar a esos juegos que mil veces sólo presenciaban desde fuera, se habían incluído.

El sistema te comunica que eres lo que tienes y de ese modo lenguajeas también que no existes en tanto no posees. Ésto, por una parte... ¿Recuerdan a
Igor? Los y las invito a pensar en los y las niñas que transitan en las calles buscando formas de sobrevivencia, trabajando, siendo objetos de explotación sexual, o simplemente, huyendo de condiciones de vida especialmente difíciles ¿tienen nombre, tienen rostro? ¿O simplemente son parte del entorno, entes invisibles, parte de la ciudad, del equiklibrio, de la alegría que simplemente no llegó?
Igor, Lalo, Iris, Jaime, Amelia, Daniel, Yimmy, Gabriel, John, tantos y tantas, sufren distintos niveles de maltrato. Al interior de sus hogares, donde la violencia se valida como forma de relación, transmitidas generacionalmente. Sus padres y madres, han sido en el ayer probablemente niños y niñas maltratadas, abusadas, y continuamente son marcados como negligentes por las redes de apoyo, invalidándolos en su rol. En los contextos en que se mueven que naturalizan, silencian el maltrato, y los violentan desde la negligencia y discriminación (en eso incluyo a comunidades, instituciones); en el sistema que los excluye. En nuestros lenguajes que los marcan, los marginan, los estigmatizan.
Ellos y ellas abandonan la invisibilización cuando transgreden las normas establecidas, cuando invaden mi o tu metro cuadrado, cuando atentan al orden social. Infringen las normas, consumen drogas ilícitas. Los años, las historias de maltrato, las negligencias, no han tenido mayor validez. No han valido tampoco sus recursos, sus capitales, sus esfuerzos diarios por sortear adversidades. Existen ahora en cifras y son los llamados antisociales. Pero ¿no es su violencia, su consumo una producción socio cultural en la que existen distintas resonsabilidades y en la que queda mucho por hacer?

¿Qué hace el Estado, la sociedad civil, que haces tú, qué hago yo?
Unos datos: El SENAME (Servicio nacional de menores) destina desde el 2007 la mayor parte de sus recursos a la implementación de la ley de infractores, en desmedro de proyectos y programas de prevención y reparación. Esto significa que los recursos existentes para intervenciones territoriales, y especializadas se reducen, y con ello, la calidad y el alcance de éstos.
Por su parte el CONACE (Drogas) este año termina con la intervención en marginalidad, mediante la cual se intervenía con niños, niñas y jóvenes en situación de calle y en calle con consumo problemático y dependiente de drogas. Los recursos ahora, se focalizan en INFRACTORES. Ahora, es salud, la que debe hacerse cargo de esta población, con las respectivas limitantes de sus modelos de atención para atender a estos niños y niñas.
Con políticas sociales paliativas y de control social, como profesionales que trabajamos en esta área, nos desafiamos en la construcción de vínculos, en las
prácticas de buen trato, en el encuentro, en creer y potenciar los recursos de los
cabr@s, en lo que aprendemos de ellos y ellas, en nuevos lenguajes y otras visibilizaciones.
Para nosotros y nosotras, ellos tienen rostro, nombre, historia, presente, futuro. Mil barreras contextuales que pueden saltar. Pero falta mucho más que una reflexión aislada de un Ministro de justicia. Falta políticas integrales, integrativas, la sociedad civil y acciones de voluntariado, el cambio en los micropoderes, tu aporte. No mirar al niño o a la niña de la esquina como "flaite". Pensar en el encuentro. Mirar sus ojos, mirarnos, cuestionar, soñar, construir.
